Mesa oscura con Jack el destripador, libro abierto, lámpara y grilletes metálicos

Jack el destripador: de las cartas falsas a los límites del archivo

Una calle de Whitechapel en 1888, gas tenue, un cuerpo en el suelo y un informe policial que cabe en una página: hora, nombre, dos frases sobre cortes en la garganta. No hay huellas, no hay ADN, no hay fotografía de la escena. Solo una ciudad hacinada, miseria extrema y una serie de asesinatos que pronto se aislarán en cinco casos «canónicos». Llegas al expediente esperando el retrato nítido de un monstruo y te encuentras primero con las esquinas borrosas del archivo: ¿hasta dónde se puede seguir hoy a Jack el Destripador con lo que realmente quedó escrito? Ahí empieza el rastro documental.

Whitechapel, asesinatos y cinco nombres

Un mapa esquemático de Whitechapel marca varios puntos en rojo. Cada marca corresponde a una escena del crimen entre abril de 1888 y febrero de 1891. Es la serie amplia de los asesinatos del East End londinense, en un entorno de pobreza extrema y hacinamiento. Este expediente forma parte del archivo de misterios sin resolver que aún desafían la investigación moderna.[1]

Dentro de esa serie general, la historiografía separa cinco víctimas canónicas. Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly eran prostitutas que trabajaban en la calle o en alojamientos precarios. Todas murieron en 1888 con cortes profundos en la garganta y mutilaciones abdominales similares. El archivo dibuja un patrón mínimo, pero te obliga a mirar de frente a las cinco mujeres y al barrio que las rodeaba antes de buscar al asesino.

La misma fuente que ordena los crímenes de Whitechapel deja claro que hubo más muertes violentas en esos años. Sin embargo, la construcción posterior del canon selecciona cinco casos y deja fuera otros con rasgos parecidos. Buscas el criterio exacto de esa selección y no lo encuentras cerrado en los documentos: todo apunta a que es, al menos en parte, una construcción historiográfica posterior más que una certeza cerrada de la época.[2]

Mesa oscura con Jack el destripador, libro abierto, lámpara y grilletes metálicos

Informes, limitaciones y mito epistolar

En una mesa de trabajo imaginas una tabla comparativa. Fila a fila, se listan las principales lesiones descritas en los informes de cada víctima canónica: cortes en el cuello, apertura abdominal, órganos removidos. Ese cuadro condensa lo que el cirujano Thomas Bond describió en noviembre de 1888 al analizar las similitudes entre los asesinatos. Su informe concluye que el agresor actuaba con cierta pericia, pero que no necesitaba formación quirúrgica formal. Este expediente se integra dentro de los casos sin resolver famosos que continúan generando debate académico.[3]

Cuando lees el informe de Bond, notas cómo la figura del «cirujano genial» se desinfla. El contraste es fuerte: el imaginario popular insiste en un maestro del bisturí; el documento pericial rebaja esa idea a pericia limitada. El archivo muestra una parte, pero no la respuesta total sobre el perfil del agresor. A eso se suman las carencias forenses victorianas: sin huellas dactilares ni ADN, la policía trabajaba con descripciones, testimonios y objetos poco controlados.

Un recorte de prensa victoriana anuncia una nueva muerte en Whitechapel y, en el titular, un nombre que ya reconoces: Jack the Ripper. El seudónimo nace de la carta «Dear Boss», enviada a la Central News Agency en septiembre de 1888 y amplificada por los periódicos. Tal vez has visto mil veces esa firma y, sin embargo, aquí descubres que esas letras ni siquiera son prueba segura de nada: ese papel no surgió del expediente policial, sino del ecosistema mediático.

Cuando un análisis lingüístico moderno revisa las cartas del Ripper, concluye que varias son probablemente hoax, quizá generados cerca de la propia prensa. El consenso académico tiende a considerar esas misivas como ajenas al asesino real. Da la impresión de que el mito mediático de Jack el Destripador se construyó con más fuerza sobre cartas dudosas y titulares de prensa que sobre pruebas materiales sólidas.[4] Juntas, esas pruebas dibujan un patrón reconocible.

Lupa metálica sobre tela oscura bajo luz tenue relacionada con Jack el destripador

Víctimas, sospechosos y límites del archivo

Un facsímil del memorando Macnaghten muestra tres apellidos subrayados: Druitt, Kosminski, Ostrog. Es un documento interno de 1894 donde se enumeran sospechosos importantes, pero sin pruebas concluyentes.[5]

En otro documento, las notas marginales de Swanson describen a Aaron Kosminski y mencionan su internamiento. Al cruzar ambos textos, aparecen discrepancias sobre fechas, situación y grado de certeza. Avanzas por la lista de sospechosos con la sensación de que, cada vez que un nombre parece imponerse, el propio documento le pone un freno. La duda documental se impone: el archivo parcial fija nombres, pero no cierra identidades.

Si hojeas estudios dedicados a Kosminski, encuentras biografías reconstruidas a partir de registros incompletos y referencias dispersas a asilos y censos. La lectura crítica recuerda que ni él ni otros sospechosos fueron identificados oficialmente como el asesino en serie victoriano que aterrorizó el East End. La documentación limitada marca un techo claro: parece que los documentos conservados alcanzan mejor a las víctimas y al contexto social de Whitechapel que a la identidad del agresor.[6]

Al mirar de nuevo el mapa con las cinco escenas del crimen, percibes una serie fragmentada: zonas cercanas, patrones espaciales sugerentes, pero sin pruebas físicas que los unan a un individuo concreto. Los nombres de las prostitutas de Whitechapel y de los sospechosos están mejor fijados que la mano que los conecta. La sensación es de archivo fragmentado: memorandos internos, notas marginales y recortes que sugieren nombres, pero sin pruebas que permitan un cierre definitivo.[7] Con lo que sobrevive, la historia se aclara, pero no se cierra.

ADN, relecturas modernas y horizonte abierto

En pantalla aparece un artículo científico reciente sobre un chal atribuido a Catherine Eddowes. Se detalla un análisis de ADN que relaciona material genético del tejido con un linaje compatible con Kosminski. Cuando aparece el chal y el ADN, puedes sentir durante unos segundos que, por fin, algo encaja. El patrón recuerda al caso asesino del zodiaco, otro expediente marcado por cartas mediáticas y autoría no confirmada.[8]

Luego llegan las notas críticas, y esa ilusión se rompe. La cadena de custodia del chal es débil, sin trazabilidad clara desde 1888 hasta hoy. El propio artículo periodístico recoge objeciones metodológicas: contaminación posible, tamaño muestral, ausencia de revisión independiente robusta. Los intentos modernos de resolver el caso con ADN o análisis lingüísticos parecen más eficaces desmontando pruebas dudosas que ofreciendo una solución concluyente. El entusiasmo inicial se enfría.

Cuando vuelves mentalmente a la calle oscura del inicio, la pregunta cambia de tono. ¿Qué podemos saber con honestidad sobre Jack el Destripador? Los documentos permiten afirmar que, en Whitechapel 1888, al menos cinco mujeres pobres fueron asesinadas con un patrón de violencia muy similar, en un barrio sin recursos ni herramientas policiales modernas. El informe Bond, el memorando Macnaghten y los estudios posteriores fijan un mínimo de hechos y sospechas.

Pero también marcan los límites: la identidad del asesino sigue oficialmente sin resolver; las cartas famosas se leen hoy como parte del mito, no como confesiones; y los intentos de cierre por ADN o teorías espectaculares no superan la prueba de rigor. La pregunta inicial sobre hasta dónde pueden llevarnos los papeles se responde así: nos llevan hasta las víctimas, el barrio y las carencias de su tiempo; más allá de eso, cualquier rostro concreto que pongamos al Destripador pertenece ya al territorio de la interpretación, no del archivo. Te queda la impresión de que sabes más del caso que antes, pero mucho menos de lo que te prometían los mitos.[9]

Preguntas frecuentes

¿Cuántas víctimas se atribuyen con seguridad a Jack el Destripador?

La mayoría de especialistas trabaja con cinco víctimas canónicas en 1888, aunque hubo más asesinatos en Whitechapel esos años y no puede asegurarse que solo fueran cinco ataques del mismo autor. Fuente: Wikipedia, entrada enciclopédica, wikipedia.org

¿Por qué se hizo tan famoso el nombre de Jack the Ripper?

El apodo nació con la carta «Dear Boss», enviada a una agencia de noticias y amplificada por la prensa victoriana, aunque hoy se considera probablemente un hoax, no una confesión auténtica. Fuente: Wikipedia, entrada enciclopédica, wikipedia.org

¿Quiénes son los principales sospechosos históricos del caso?

El memorando Macnaghten cita a Montague Druitt, Aaron Kosminski y Michael Ostrog, entre otros. Ninguno cuenta con pruebas materiales decisivas, y el caso sigue oficialmente sin resolver. Fuente: Wikipedia, entrada enciclopédica, wikipedia.org

¿El estudio de ADN del chal resolvió la identidad del asesino?

No. Aunque relacionó un perfil genético con Kosminski, la cadena de custodia del chal y otros problemas metodológicos impiden tratarlo como prueba definitiva. Fuente: Science, artículo divulgativo, science.org

¿La policía victoriana investigó mal los crímenes de Whitechapel?

La investigación estuvo limitada por la ausencia de técnicas como huellas dactilares y ADN, y por el contexto social del East End; valorar su calidad exige considerar esas restricciones. Fuente: Wikipedia, entrada enciclopédica, wikipedia.org

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Fuentes consultadas

  1. Wikipedia, recurso en línea, en.wikipedia.org, consulta 2025-09-12
  2. Wikipedia, recurso en línea, en.wikipedia.org, consulta 2025-10-08
  3. Jack the Ripper official documents, recurso en línea, jack-the-ripper.org, consulta 2025-09-25
  4. Mental Floss, recurso en línea, mentalfloss.com, consulta 2025-10-19
  5. Jack the Ripper official documents, recurso en línea, jack-the-ripper.org, consulta 2025-11-02
  6. Casebook, recurso en línea, casebook.org, consulta 2025-08-28
  7. Wikipedia, recurso en línea, es.wikipedia.org, consulta 2025-09-05
  8. Science, recurso en línea, science.org, consulta 2025-10-28
  9. Wikipedia, recurso en línea, en.wikipedia.org, consulta 2025-11-15
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