
Asesino del Zodiaco: víctimas confirmadas y límites del archivo
En la reproducción amarillenta del San Francisco Chronicle del 1 de agosto de 1969, el gran bloque del cifrado Z408 ocupa media página, con el símbolo de la cruz en círculo destacando sobre el texto. Sabes, antes de empezar a leer, que detrás de esas letras se esconde un asesino serial real, activo en el norte de California a finales de los 60, cuya identidad sigue sin nombre. También sabes que en otras cartas se atribuyó decenas de víctimas, muy por encima de las cinco reconocidas oficialmente. Pero cuando apartas la mitología de true crime y sigues solo lo que dicen los expedientes, ¿qué queda realmente del asesino del zodiaco? Ahí empieza el rastro documental.
Crímenes confirmados y mapa mínimo del caso
El esqueleto factual es más reducido de lo que la cultura popular suele recordar. Entre diciembre de 1968 y octubre de 1969 se registran cuatro ataques confirmados: Lake Herman Road en Benicia, Blue Rock Springs en las cercanías de Vallejo, Lake Berryessa en Napa y el asesinato del taxista Paul Stine en Presidio Heights, San Francisco. Cinco víctimas murieron y dos sobrevivieron.
Si colocas mentalmente una tabla con fechas y nombres en una columna y las reivindicaciones epistolares en otra, aparece la primera fricción: la correspondencia infla la cifra hasta 37 asesinatos, pero los expedientes aceptan solo esos cuatro episodios como seguros. Buscas el detalle que justifique el resto de la lista y no aparece. La estructura existe, pero el rastro documental no llega más allá del consenso mínimo entre agencias. Este caso forma parte del archivo de misterios sin resolver que sigue acumulando preguntas.
Los resúmenes de estos hechos, repetidos como punto de partida en casi toda referencia solvente, marcan el perímetro de lo que se puede afirmar sin extender la autoría.[1]
Cuando desciendes al nivel de cada escena, el archivo se densifica. El informe de Lake Herman Road fija testimonios, horas aproximadas de disparos y hallazgo de los cuerpos de David Faraday y Betty Lou Jensen en un tramo oscuro de carretera. Lees los datos y notas que el documento responde al qué y al cuándo, pero deja intacta la pregunta del quién.[2]

Cartas, cifrados y proceso institucional
El salto de expediente local a fenómeno masivo llega con las cartas del Zodiac. Si imaginas la página del Chronicle sobre la mesa, el Z408 aparece dividido entre tres periódicos distintos, acompañado de amenazas de nuevos ataques si no se publicaba el mensaje. Las policías de varias jurisdicciones pasan a coordinarse con redacciones de prensa, y el caso se convierte también en un flujo de correspondencia que desborda el archivo criminal convencional.
La carta del Z408 inaugura un patrón: el asesino se autodenomina «Zodiac», firma con el símbolo de círculo y cruz y reclama los ataques de Benicia y Vallejo. El texto descifrado por Donald y Bettye Harden, lectores civiles, muestra un monólogo sobre la caza humana, sin revelar su nombre.[3]
Aquí el archivo muestra una parte, pero no la respuesta que esperabas. El aura de genio criminal se resiente cuando un matrimonio aficionado rompe el primer gran código en pocos días, aunque la mezcla de brutalidad y puesta en escena ya está asentada en la memoria colectiva. El expediente del zodiaco se suma a la lista de casos sin resolver famosos definidos por un vacío de autoría.
Después llegará el Z340, remitido en noviembre de 1969 y publicado de nuevo en periódico. Durante décadas permanece como bloque de símbolos sin lectura validada. Solo en 2020 un equipo internacional, apoyado en software de búsqueda de patrones y heurísticas combinadas, presenta una solución que el FBI acepta como correcta.[4]
En el Club, seguimos lo que queda escrito, no lo que se imagina. Entre ambos cifrados largos se sitúan las misivas donde el Zodiac Killer eleva su contador personal de víctimas, exige que la gente lleve insignias con su símbolo e introduce los cifrados breves Z13 y Z32, aún discutidos.[5]
Juntas, esas pruebas dibujan un patrón reconocible, pero cuando buscas el nombre detrás de la firma, el rastro se corta.

Leer los límites del expediente Zodiac
Si colocas en una misma línea de tiempo las cuatro escenas de crimen, las principales cartas y los hitos técnicos, aparece una imagen clara y, al mismo tiempo, desconcertante. La cronología es robusta, pero el archivo parcial se hace evidente cuando miras más allá de los cinco asesinatos aceptados.
Imagina una pantalla partida: a la izquierda, el Z340 original; a la derecha, el texto descifrado en 2020, donde el autor se burla de la policía y niega haber salido en un programa de televisión. Esperas un giro revelador, un nombre oculto entre los símbolos, y sientes una ligera decepción racional cuando no aparece. Lo que fue muro durante medio siglo ahora se lee, pero nada en ese mensaje acerca el caso a una identidad concreta.
La documentación limitada sobre Z13 y Z32, con múltiples soluciones propuestas y ninguna ratificada de forma general, recuerda que no todos los enigmas de los cifrados Zodiaco se rinden por igual.[6]
Algo similar ocurre con la evidencia física. Las revisiones de huellas dactilares y palmprints asociadas a escenas y cartas muestran debates sobre calidad, posible contaminación y procedencia exacta. Cuando aparecen menciones a ADN y análisis forenses, esperas una bala de plata que cierre el caso; en su lugar, te topas con dudas técnicas y límites de las muestras.[7]
Registros incompletos, serie fragmentada, continuidad irregular y anexos no conservados convierten cada aparente avance en una pieza que debe colocarse con prudencia. Con lo que sobrevive, la historia se aclara, pero no se cierra.
Horizonte abierto: sospechosos, mito y futuro
Al final, la pregunta vuelve al mismo sitio: ¿quién estaba detrás de las cartas y de esos cuatro ataques confirmados? Si revisas mentalmente el mosaico de portadas entre 1969 y 1971 —Benicia, Vallejo, Lake Berryessa, San Francisco en titulares—, resulta tentador atar esa narrativa a un rostro concreto, pero el archivo se resiste.
Los resúmenes actuales de referencia recuerdan que múltiples sospechosos, desde Arthur Leigh Allen hasta candidatos recientes, han sido señalados por autores y grupos de aficionados, sin que ninguna prueba forense haya cerrado el círculo. Cuando aparecen esos nombres conocidos, te tienta encajar por fin un rostro; pero el recordatorio de la falta de evidencia concluyente te frena en seco.[8]
Imaginas cajas de archivo envejecidas abiertas sobre una mesa, preparadas para nuevas pruebas de ADN o análisis digitales de huellas. El procedimiento es técnico, paciente, alejado del tono de thriller que a menudo envuelve al asesino de California en libros y películas. El archivo muestra una parte, pero no la respuesta final que muchos esperan. Los paralelismos con el expediente jack el destripador resultan inevitables.
Comunicados policiales sobre casos paralelos, como el asesinato de Cheri Jo Bates en Riverside, marcan con firmeza los límites: asociaciones populares no aceptadas como hecho, vínculos rechazados en documentos oficiales.[9]
Si vuelves a aquella primera página con el Z408 impreso, la duda del inicio se matiza. ¿Qué sabemos de verdad cuando volvemos a los papeles? Sabemos que hubo un asesino serial real, con cuatro escenas del crimen bien documentadas, que envió cartas y cifrados y fijó un símbolo inolvidable. Sabemos que dos grandes códigos están hoy leídos y que otros, junto con parte de la evidencia física, siguen abiertos o discutidos. Lo que no podemos afirmar, con rigor, es un nombre definitivo ni un listado completo de víctimas más allá de las cinco reconocidas. El caso del Zodiac permanece oficialmente sin resolver, en un equilibrio tenso entre documento y mito, y la pregunta que queda ya no es si hay un gran secreto oculto, sino qué tipo de avance —forense, criptográfico o documental— podría aún cambiar de manera significativa este mapa.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas víctimas se consideran oficialmente del asesino del zodiaco?
Las fuentes coinciden en cinco víctimas mortales y dos supervivientes en cuatro ataques confirmados entre 1968 y 1969 en el norte de California. Otras muertes atribuidas en cartas no están aceptadas de forma oficial. Fuente: Britannica, entrada enciclopédica, britannica.com
¿Qué reveló el descifrado del cifrado Z340?
El Z340, resuelto en 2020, contiene un mensaje en el que el autor se burla de la policía y menciona un programa de televisión, pero no aporta su identidad ni nuevos crímenes confirmados. Fuente: Wolfram, análisis técnico en blog, wolfram.com
¿Quiénes resolvieron el primer gran cifrado del caso?
El cifrado Z408 fue resuelto pocos días después de su publicación por Donald y Bettye Harden, un matrimonio aficionado a los rompecabezas, cuya solución fue aceptada por las autoridades. Fuente: ZodiacCiphers, recopilación criptográfica, zodiacciphers.com
¿Está identificado el Zodiac Killer?
Pese a múltiples sospechosos propuestos por investigadores y autores, no existe prueba forense concluyente que permita identificar al responsable con certeza. El caso permanece oficialmente sin resolver. Fuente: Wikipedia, artículo histórico, wikipedia.org
¿Siguen sin resolver todos los cifrados del Zodiac?
No. Z408 y Z340 cuentan con soluciones aceptadas. Sin embargo, los cifrados cortos Z13 y Z32 acumulan propuestas incompatibles y sin consenso experto, por lo que siguen considerados no resueltos. Fuente: ZodiacKillerFacts, archivo especializado, zodiackillerfacts.com
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Fuentes consultadas
- Wikipedia, recurso en línea, wikipedia.org, consulta 2025-09-12
- ZodiacKillerFacts, recurso en línea, zodiackillerfacts.com, consulta 2025-10-05
- ZodiacCiphers, recurso en línea, zodiacciphers.com, consulta 2025-09-28
- Blog Wolfram, recurso en línea, wolfram.com, consulta 2025-10-18
- ZodiacKillerFacts, recurso en línea, zodiackillerfacts.com, consulta 2025-11-02
- Wikipedia, recurso en línea, wikipedia.org, consulta 2025-10-25
- CrimeLibrary, recurso en línea, crimelibrary.org, consulta 2025-09-18
- Britannica, recurso en línea, britannica.com, consulta 2025-11-30
- ZodiacKillerFacts, recurso en línea, zodiackillerfacts.com, consulta 2025-11-14

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