
Manuscrito Voynich: de códice medieval a desafío para la IA
En la pantalla se abre la ficha digital de la Biblioteca Beinecke: título, signatura, miniatura de un códice grueso, 240 páginas de vitela llenas de escritura ilegible y plantas difíciles de reconocer. La datación por carbono sitúa el pergamino entre 1404 y 1438; el libro, hoy llamado manuscrito voynich, lleva más de un siglo en Yale accesible a quien quiera mirarlo. Lo escrito es claro; lo ausente, más: ni una frase ha sido leída con consenso. ¿Cómo puede un códice tan real y estudiado seguir sin traducción aceptada después de cientos de intentos humanos y ahora también algoritmos? Ahí empieza el rastro documental.
Lo que sí sabemos del códice
Vuelves a la ficha de la Biblioteca Beinecke y recorres sus campos: descripción física, número de folios, notas de procedencia. El registro confirma que se trata de un códice ilustrado, conservado allí desde 1969, con acceso digital a todas sus páginas. Esta información sitúa el caso dentro del archivo de sucesos inexplicables que la ciencia aún no ha podido resolver por completo.[1]
Las imágenes muestran un libro medieval denso y visualmente complejo. Unas 240 páginas de vitela con texto en casi todas, acompañadas de ilustraciones de plantas, diagramas circulares, figuras desnudas en bañeras y esquemas que recuerdan a mapas o constelaciones. La estructura existe; la interpretación, no. Y esa brecha entre lo que ves y lo que puedes leer define desde el primer momento la experiencia de acercarte a este códice.
Al acercar el zoom a una página, la escritura mantiene un aspecto regular. Un alfabeto propio, con unas pocas decenas de signos que se repiten y combinan siguiendo patrones estadísticos consistentes. No es un garabato improvisado; parece un sistema diseñado para decir algo. Sin embargo, nadie ha conseguido leer con seguridad una sola línea. El archivo muestra una parte, pero la puerta al significado sigue cerrada.
Los análisis de radiocarbono sitúan el pergamino a comienzos del siglo XV, en un contexto tardo-medieval europeo. Ese origen material está bastante fijado, pero no así el momento exacto en que se trazó el texto sobre la vitela. El soporte tiene fecha; la mano que escribió sigue sin nombre ni lugar definido. Tienes el cuándo aproximado del papel, no el quién ni el para qué de las palabras.

Trayectoria, autenticidad y primeras grietas
La línea de tiempo se desplaza a 1912. En ese punto aparece Wilfrid M. Voynich, bibliófilo y comerciante de libros antiguos, adquiriendo el códice que hoy lleva su apellido. A partir de entonces es posible seguir mejor su rastro hasta la llegada a Yale y su integración en la colección Beinecke.[2]
Esa trayectoria moderna ha alimentado una sospecha recurrente: ¿y si el libro fuera una falsificación ingeniosa de principios del siglo XX para engañar coleccionistas? La hipótesis encaja bien con el imaginario del libro imposible de leer, pero choca con la datación del pergamino y con el coste que habría supuesto fabricar un engaño de esa escala sobre vitela antigua. Si buscas pruebas directas del fraude, no aparecen.
En una página especializada se desgranan precisamente esos argumentos contra el fraude moderno: cantidad de texto, coherencia interna del sistema gráfico y ausencia de pruebas directas que vinculen a Voynich con una fabricación ex novo. Este tipo de análisis pertenece al campo de los textos antiguos sin descifrar, donde la metodología criptográfica y lingüística resulta fundamental.[3]
La lectura prudente que se desprende de ese material favorece una autenticidad medieval del códice, al menos en lo que respecta a su concepción de conjunto. La duda, sin embargo, no desaparece del todo: la materialidad apunta al siglo XV, pero el propósito del autor y el contexto exacto de producción siguen fuera de alcance. Avanzas sobre suelo firme hasta que, de pronto, el terreno se vuelve niebla.

Criptografía, lenguas propuestas y límites claros
Pasas a otra pestaña: la portada de un artículo técnico de la NSA muestra diagramas, tablas y páginas llenas de anotaciones. El organismo de inteligencia estadounidense dedicó recursos a estudiar el libro como un posible cifrado histórico y documentó su análisis en un informe desclasificado.[4]
Ese documento expone métodos estadísticos, comparaciones con otros sistemas de cifrado y patrones detectados en las secuencias de signos. El resultado es incómodo y fascinante a la vez: el texto se comporta como si codificara lenguaje, pero no se obtiene una clave funcional ni una solución estable. Te reconforta comprobar que hasta la NSA y criptógrafos profesionales chocan con los mismos muros que cualquier aficionado curioso.
En paralelo, diversos lingüistas y aficionados han propuesto identificar este manuscrito medieval misterioso con lenguas concretas, desde formas de hebreo hasta un supuesto proto-romance. Entre esas propuestas destaca el trabajo de Greg Kondrak y su equipo, que aplicaron algoritmos de inteligencia artificial buscando similitudes con idiomas conocidos.[5]
Un mosaico de titulares de prensa anuncia en distintas fechas que la IA «ha logrado descifrar el misterio». Quizá has visto esos titulares y has sentido que el enigma por fin caía. Al leer la letra pequeña, los resultados suelen ser más modestos: detección de patrones compatibles con ciertas familias lingüísticas, propuestas de traducción parcial muy discutidas, o textos generados que no alcanzan consenso experto. La promesa se desinfla cuando miras de cerca.
Una entrevista con la historiadora Kate Wiles subraya precisamente esa distancia entre entusiasmo mediático y estándares académicos. Señala problemas metodológicos al ajustar el texto a una lengua concreta sin pruebas sólidas, y recuerda que ninguna hipótesis ha convencido a la comunidad.[6]
Si miras solo los titulares, parece que el enigma cae una y otra vez. Al revisar informes y críticas, ese derrumbe se aplaza. A medida que avanzas, empiezas a distinguir un patrón incómodo: mucho entusiasmo por soluciones parciales y muy poca validación real. No hay lectura compartida, solo intentos parciales y, sobre todo, límites reconocidos.
Lecturas posibles y lo que sigue abierto
Clavas de nuevo la vista en una doble página digitalizada: columnas de signos extraños rodean plantas que nadie logra identificar con certeza, diagramas astrales y figuras humanas inmersas en conductos y recipientes. A simple vista, podrías pensar en un tratado de botánica, astrología o medicina, quizá dirigido a un círculo reducido. Mientras recorres los folios, te sale de forma natural proyectar remedios, rituales o mapas sobre las imágenes, y al mismo tiempo sabes que el texto no respalda todavía ninguna de esas lecturas.
Algunos artículos recientes exploran la posibilidad de que el contenido tenga dimensión médica y hasta ginecológica, apoyándose en escenas de cuerpos femeninos y esquemas que recuerdan al cuerpo humano o al ciclo vital.[7]
Aquí la fricción se hace evidente: las interpretaciones temáticas dependen casi por completo de las ilustraciones. Sin una traducción fiable, no podemos afirmar que describan remedios, rituales o prácticas sexuales concretas. El archivo parcial permite dibujar un entorno simbólico, pero no fijar el discurso. Todo apunta a que la solidez material del códice contrasta con una enorme fragilidad a la hora de proponer significados.
Cuando añades los siglos de intentos fallidos, el cuadro se vuelve más incómodo. Tenemos un registro discontinuo de investigaciones, con algunos tramos muy documentados y otros de silencio. Criptógrafos del siglo XX y XXI han trabajado sobre estos folios; la inteligencia artificial ha sugerido relaciones estadísticas; la prensa recoge periódicamente la historia del códice más extraño. Lo que falta es una lectura que supere las validaciones no concluyentes y se sostenga frente a la crítica. Con lo que sobrevive, la historia se aclara, pero no se cierra.
Un enigma medieval en tiempo de algoritmos
Vuelves al punto de partida: la ficha de Yale, el pergamino fechado, las páginas disponibles en alta resolución para cualquiera con conexión a internet. Hoy, el manuscrito voynich es a la vez un objeto de archivo muy localizado y un icono cultural global, protagonista de reportajes, hilos y promesas de descifrado que rara vez resisten una segunda lectura. Puedes profundizar en el expediente manuscrito voynich para explorar los intentos de descifrado que siguen en evaluación.[8]
En redes sociales circulan incluso anuncios individuales de «traducciones definitivas» acompañados de capturas de pantalla y largos textos personales. Uno de esos ejemplos, en formato de publicación, muestra la confianza de su autor frente a un sistema académico mucho más cauto.[9]
Si recuerdas la pregunta inicial —cómo puede seguir sin lectura aceptada un códice tan real y estudiado—, la respuesta honesta es doble. Por un lado, los documentos fijan bastante bien el suelo: origen material tardo-medieval, estructura física coherente, trayectoria moderna conocida, esfuerzos criptográficos serios, ausencia de consenso en cualquier propuesta de descifrado. Por otro, señalan un límite que hoy no podemos franquear: no hay prueba documental suficiente para afirmar autoría, propósito último ni contenido detallado. Sales del manuscrito con una sensación doble: entiendes mejor el suelo firme del caso, pero también el tamaño exacto de lo que seguimos sin saber. Un caso comparable de objeto medieval con datación material sólida y debate abierto sobre su interpretación es la tension documental sudario turin.
Lo que sí se puede decir con rigor es que estamos ante un libro sin traducción auténtico de comienzos del siglo XV, escrito en un sistema gráfico coherente que nadie ha conseguido leer con validación amplia, pese a los intentos de criptógrafos clásicos y proyectos de inteligencia artificial. Lo que queda fuera del perímetro documental es la traducción misma y, con ella, la historia interna que el texto tal vez contiene. Aceptar ese borde es, por ahora, la forma más precisa de acercarse al enigma. A veces la aproximación más honesta a un misterio no es prometerle al lector una revelación, sino medir con cuidado la frontera entre archivo y deseo de interpretación. Para ver cómo otros investigadores han documentado fenómenos anómalos aplicando método, consulta el archivo crookes espiritismo.
Preguntas frecuentes
¿Qué es exactamente el manuscrito voynich?
Es un códice ilustrado de unas 240 páginas de vitela, escrito con un sistema de signos desconocido y sin autor identificado, datado materialmente a comienzos del siglo XV. Fuente: Yale University Library, catálogo digital, yale.edu
¿Está demostrado que el manuscrito es una falsificación moderna?
No. Los estudios sobre su materialidad y complejidad interna consideran muy poco verosímil un fraude moderno, aunque la autoría siga sin conocerse. Fuente: Voynich.nu, análisis especializado, voynich.nu
¿La inteligencia artificial ha logrado descifrar el manuscrito?
Se han anunciado avances basados en IA, pero ninguno ha producido una traducción aceptada por la comunidad académica. Siguen siendo propuestas en evaluación. Fuente: RTVE, reportaje divulgativo, rtve.es
¿Qué temas podría tratar este libro imposible de leer?
Las ilustraciones sugieren botánica, astronomía o contenidos médicos y ginecológicos, pero sin traducir el texto estas lecturas siguen siendo hipótesis prudentes. Fuente: El Confidencial, artículo de análisis, elconfidencial.com
¿Por qué se le considera el códice más extraño conocido?
Combina datación medieval, escritura estadísticamente coherente, cientos de páginas ilustradas y la ausencia total de una lectura consensuada tras décadas de estudio especializado. Fuente: Infobae, reportaje panorámico, infobae.com
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Fuentes consultadas
- Yale University Library, recurso en línea, yale.edu, consulta 2025-09-12
- Infobae, recurso en línea, infobae.com, consulta 2025-10-05
- Voynich.nu, recurso en línea, voynich.nu, consulta 2025-08-28
- NSA, recurso en línea, nsa.gov, consulta 2025-09-18
- La Vanguardia, recurso en línea, lavanguardia.com, consulta 2025-11-30
- 20 Minutos, recurso en línea, 20minutos.es, consulta 2025-10-22
- El Confidencial, recurso en línea, elconfidencial.com, consulta 2025-09-03
- RTVE, recurso en línea, rtve.es, consulta 2025-10-15
- Instagram, recurso en línea, instagram.com, consulta 2025-11-08

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