Criatura similar a kraken dentro de un gran frasco de cristal iluminado por una lámpara

Kraken: de leyenda nórdica a calamar gigante documentado

Te detienes ante la silueta blanquecina de un calamar gigante en formol: cuerpo flácido, ojos vidriosos, etiqueta con nombre científico y fecha. La imagen choca con el kraken cinematográfico que llevas en la cabeza, la isla viviente que hunde barcos de un solo gesto. A un lado, un panel resume que Architeuthis dux fue descrito en 1857 a partir de restos varados; otra foto muestra las primeras imágenes de un ejemplar vivo, obtenidas en 2004. El archivo de mitos y leyendas ofrece animal y cronología; tu imaginación trae monstruo y abismo. ¿Hasta dónde llega el kraken mítico y dónde empieza el calamar gigante documentado? Ahí empieza el rastro documental.

Del monstruo-isla al archivo moderno

El punto de partida resulta incómodo de aceptar: el kraken pertenece a la mitología nórdica, no a la zoología. El término designa un monstruo marino colosal, pero los datos biológicos reales corresponden a cefalópodos como Architeuthis y Mesonychoteuthis. Buscas el momento exacto en que ambas cosas se funden y descubres que el archivo las separa con una línea que la cultura popular suele ignorar.

Una primera parada conduce al Konungs skuggsjá, texto medieval noruego que describe criaturas como el hafgufa, capaces de parecer islas antes de hundirse. Esa imagen de «isla viviente» resulta reconocible, pero el manuscrito nunca usa la palabra kraken. Lees el folio esperando el monstruo que conoces y encuentras otra cosa: una raíz del imaginario, no una identidad taxativa.[1]

Siglos después, el obispo Erik Pontoppidan, en su Natural History of Norway, recoge relatos marineros sobre un gran monstruo marino al que ya llama kraken. Intenta describirlo en clave de historia natural, como si pudiera encajar en un catálogo respetable. La estructura existe; la certeza biológica, no tanto. Pontoppidan fija en papel algo que ningún naturalista había medido.[2]

Criatura similar a kraken dentro de un gran frasco de cristal iluminado por una lámpara

Programas de saber: de Pontoppidan a la zoología

En un fragmento traducido del capítulo de Pontoppidan, el kraken aparece como especie de isla emergente, rodeada de bancos de peces. El tono es casi científico, pero el contenido sigue siendo legendario. Te sorprende descubrir que los textos que imaginabas llenos de krakens ni siquiera usan esa palabra con precisión zoológica. Pontoppidan actúa como puente entre rumor marinero y erudición ilustrada, dejando fijo en papel un ser que nadie había capturado ni diseccionado.

La zoología entra en escena en 1857, cuando Architeuthis dux se describe formalmente a partir de restos varados. La ficha encaja con un calamar gigante real: tentáculos enormes, cuerpo masivo, hábitat profundo. Aquí el lenguaje cambia: ya no se habla de monstruo marino, sino de especie. Aun así, las medidas extremas siguen envueltas en cautela, y cuando buscas cifras definitivas, el archivo se vuelve más prudente de lo que esperabas. Revisando los manuales y archivos de demonología, notas patrones similares de clasificación aplicados a criaturas que escapan a la comprensión inmediata.[3]

Poco después se documentan ejemplares aún más masivos del calamar colosal, Mesonychoteuthis hamiltoni, asociado a aguas antárticas. La comparación entre ambas especies refuerza una idea sobria: el océano alberga cefalópodos gigantes, pero ninguno se parece a una isla de kilómetros. Vas pasando de los grabados exagerados a las fotos de tentáculos en formol y notas cómo el miedo se transforma en curiosidad.[4]

En el Club, seguimos lo que queda escrito, no lo que se imagina. Por eso, cuando blogs divulgativos presentan al kraken y al calamar gigante como si fueran el mismo ser, el archivo actúa de contrapeso. El mito nombra un monstruo; la zoología, varias especies de cefalópodos muy grandes. Esa mezcla da la sensación de comodidad narrativa más que de rigor.

Tentáculos claros en espiral dentro de un frasco de vidrio

Lectura cruzada: textos, testimonios y límites

Una reproducción del folio del Konungs skuggsjá con el pasaje del hafgufa muestra, en tinta medieval, la escena del barco que cree haber encontrado tierra y ve hundirse bajo sí su refugio. Esa imagen ha alimentado siglos de horror cósmico silencioso. Sin embargo, al ponerla junto al capítulo de Pontoppidan sobre la criatura nórdica, la continuidad se vuelve una serie fragmentada más cultural que biológica. El patrón se repite: cada nuevo documento no te acerca al kraken-isla, sino a calamares muy grandes que encajan en la biología conocida.

El contraste se agudiza cuando miras casos históricos. El informe de Bouyer sobre la corbeta Alecton rodeando un calamar gigante cerca de Tenerife, en 1861, describe un cuerpo enorme, tentáculos resistentes, maniobras torpes para intentar capturarlo. Cuando lees el informe de la Alecton, sientes que estás muy cerca del monstruo… y a la vez no terminas de atraparlo. La escena es intensa, pero los detalles no permiten pasar del testimonio a una certeza completa: es un cefalópodo gigante, no una isla consciente.[5]

Algo similar ocurre con Terranova, 1873. La fotografía de los tentáculos conservados, con escala visible, da cuerpo a la lucha de los pescadores con un cefalópodo enorme. Ahí la leyenda nórdica se desinfla: lo que permanece en alcohol no es un monstruo mítico, sino tejido blando medible. Y aun así, los relatos de ataques a barcos modernos siguen siendo un archivo parcial, apoyado en memorias y prensa, más que en instrumentos y vídeo. Con lo que sobrevive, la historia se aclara, pero no se cierra del todo.

Horizonte abierto: del abismo a la vitrina

Las primeras imágenes de un calamar gigante vivo, obtenidas entre 2004 y 2012, añaden una capa nueva. La noticia de 2005 muestra a investigadores celebrando una secuencia de fotos tomadas en la oscuridad abisal: un Architeuthis moviéndose en su entorno, lejos de cualquier barco. Al ver por fin a un Architeuthis vivo en vídeo, sientes más fascinación que terror y el kraken se te aleja un poco. La revelación científica es clara; la fantasía de un monstruo hunde-barcos pierde apoyo.[6]

En otra escena, una imagen institucional de un calamar gigante recibido por un instituto oceanográfico y conservado en museo resume el trayecto. La etiqueta, el número de registro, la procedencia fijan al animal en un inventario. La criatura legendaria queda fuera del frasco, como capa cultural que dialoga con este cuerpo real, pero no se confunde con él. Ver un Architeuthis entero en un museo parece diseñado para producir una doble reacción: alivio racional y respeto por algo que sigue escapando en muchos aspectos.[7]

Al volver mentalmente al ejemplar en formol del inicio, la pregunta se ha afinado. ¿Cuánto hay de monstruo marino imposible y cuánto de calamar gigante tangible? Los documentos permiten afirmar que el kraken es una criatura mítica nórdica, alimentada por pasajes como los del Konungs skuggsjá y formalizada por autores como Pontoppidan. También permiten trazar la existencia de Architeuthis y Mesonychoteuthis, cefalópodos gigantes reales, con encuentros documentados y ejemplares conservados.

Lo que no se puede sostener con rigor es que ambos sean lo mismo, ni que las dimensiones legendarias se acerquen a lo biológicamente plausible. Te quedas con la duda razonable: si esto es lo que ya hemos visto, ¿qué más puede haber ahí abajo sin necesidad de monstruos-isla? El océano profundo sigue guardando huecos en nuestra comprensión de estos animales, pero esos huecos no convierten a ningún calamar en isla viviente. El kraken, como mito, permanece en el imaginario; el calamar gigante, como animal, permanece en los registros científicos. Y esa frontera, por ahora, es lo más honesto que el archivo puede ofrecer. Otros expedientes marítimos, como el caso Mary Celeste en archivo, muestran cómo el vacío documental alimenta leyendas similares. Criaturas nórdicas como Fenrir en mitología nórdica ofrecen otro ejemplo de seres extremos construidos por los textos, mientras que el análisis de sirenas mitología y base real amplía la comparación entre leyenda marina y posible sustrato biológico.

Preguntas frecuentes

¿El kraken existe realmente como animal marino?

No. El kraken es una criatura de la mitología nórdica, mientras que los calamares gigantes documentados pertenecen a especies como Architeuthis dux o Mesonychoteuthis hamiltoni. Fuente: Wikipedia, artículo enciclopédico, wikipedia.org

¿Qué relación hay entre el kraken y el calamar gigante?

La cultura popular suele fusionarlos, pero la criatura legendaria es un monstruo de leyenda y Architeuthis es un cefalópodo real descrito científicamente en el siglo XIX. Fuente: Wikipedia, artículo enciclopédico, wikipedia.org

¿Cuándo se obtuvieron las primeras fotos de un calamar gigante vivo?

Las primeras imágenes de un Architeuthis vivo se obtuvieron en 2004 y se difundieron en 2005 tras campañas específicas de observación en aguas profundas. Fuente: El Mundo, noticia de divulgación científica, elmundo.es

¿Qué diferencia al calamar gigante del calamar colosal?

Architeuthis dux alcanza grandes longitudes, pero Mesonychoteuthis hamiltoni, el calamar colosal antártico, presenta una masa corporal aún mayor y un hábitat distinto. Fuente: Wikipedia, artículo enciclopédico, wikipedia.org

¿Hubo ataques documentados de calamares gigantes a embarcaciones?

Casos como Terranova 1873 describen luchas con cefalópodos enormes y conservan tentáculos, pero siguen siendo episodios aislados y testimoniales, no una pauta de ataque sistemático a barcos. Fuente: BackyardHistory, artículo histórico-divulgativo, backyardhistory.ca

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Fuentes consultadas

  1. Wikipedia, recurso en línea, es.wikipedia.org, consulta 2025-09-12
  2. Universidad de Cádiz, recurso en línea, rodin.uca.es, consulta 2025-10-03
  3. Wikipedia, recurso en línea, es.wikipedia.org, consulta 2025-08-27
  4. Wikipedia, recurso en línea, es.wikipedia.org, consulta 2025-10-18
  5. Universidad de Cádiz, recurso en línea, produccioncientifica.uca.es, consulta 2025-09-05
  6. El Mundo, recurso en línea, elmundo.es, consulta 2025-11-02
  7. IEO, recurso en línea, ieo.es, consulta 2025-11-30
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