
Expedientes OVNI militares: de Blue Book a AATIP y AARO
En la pantalla tienes abierto el PDF del informe preliminar del ODNI de 2021: una tabla fría indica 144 incidentes de fenómenos aéreos anómalos, y solo uno con explicación clara. En otro navegador descansa la ficha de Project Blue Book, cerrado décadas antes con la conclusión de que los ovnis no suponían amenaza seria. Te detienes en ese contraste y la pregunta aparece sola: ¿cómo hemos pasado de archivar el tema como asunto resuelto a levantar nuevas oficinas, fondos y expedientes ovni militares en pleno siglo XXI? Ahí empieza el rastro documental que vas a seguir. Si te interesa explorar otros misterios sin resolver, este caso ofrece un punto de partida sólido.
De Blue Book a los programas del siglo XXI
En una pestaña del navegador, la pantalla de índice de Project Blue Book en los Archivos Nacionales muestra años y miles de casos ordenados. El texto institucional recuerda que el programa de la USAF, activo entre 1952 y 1969, terminó concluyendo ausencia de amenaza significativa y se declaró cerrado.[1]
Ahí parecía terminar, oficialmente, la historia de los ovnis militares. Sin embargo, décadas después, reaparece un nuevo vocabulario: UAP, seguridad de vuelo, inteligencia de defensa. Buscas el documento que conecte el archivo histórico con los programas modernos y notas que ese puente no está tan a la vista como esperabas.
El puente empieza a tomar forma en 2007, cuando la Agencia de Inteligencia de Defensa financia el Advanced Aerospace Threat Identification Program con 22 millones de dólares. El AATIP del Pentágono existió, tuvo presupuesto y hoy se considera formalmente cerrado. Lo escrito es claro; lo ausente pesa más: los resultados detallados siguen poco visibles, y cuando intentas acceder a ellos, el rastro se corta antes de lo que esperabas.
En otra pestaña, la página central de la carta de Harry Reid a la DIA, con sellos y firma, fija políticamente el programa. El senador pide que se convierta en programa de acceso especial, subrayando que el asunto no se veía como simple folclore.[2]

Programas, contratos y oficinas dedicadas
El rastro lleva también al sector privado. Bigelow Aerospace Advanced Space Studies se convierte en contratista principal para estudios asociados al programa. En la lista de 38 informes técnicos financiados aparecen títulos sobre warp drive, wormholes o metamateriales exóticos.[3]
Ves esa lista y la fricción es inmediata: el programa es real, los temas son ambiciosos, pero qué se concluyó y cómo se aplicó a fenómenos aéreos anómalos no queda desplegado. Pasas de título en título buscando resultados concretos, y lo que encuentras es el marco de un estudio cuyo contenido permanece fuera de tu alcance. El AATIP está documentado en cuanto a existencia y enfoque, menos en cuanto a outputs que puedas leer. Para profundizar en este tipo de documentación, los archivos desclasificados ofrecen contexto adicional.
Tras el cierre de este esfuerzo inicial, la Armada anuncia la creación de la UAP Task Force. Una portada de memo interno, con fecha y autoridad firmante, marca el momento en que los reportes de fenómenos aéreos anómalos pasan a tener una ventanilla definida. Más tarde, el Departamento de Defensa centraliza la cuestión con la All-domain Anomaly Resolution Office.
La estructura existe, pero el detalle no llega: sabes que UAPTF y AARO recogen e investigan incidentes, pero la mayoría de sus expedientes siguen fuera del dominio público. Juntas esas pruebas y dibujan un patrón reconocible: oficinas que se crean, informes que se anuncian, casillas que permanecen en blanco.

Lectura factual, vídeos y límites técnicos
Cuando bajas a los casos concretos, la fricción aumenta. En la transcripción de la audiencia UAP de 2023, David Fravor detalla el encuentro del USS Nimitz en 2004; su declaración escrita describe el objeto «Tic Tac» y maniobras difíciles de encajar con aviones convencionales.[4]
Abres su testimonio en PDF y ves una narración cuidadosa, firmada y entregada al Congreso. El archivo fija un mínimo: hubo un incidente, un piloto identificado y una descripción formal. Lo que el documento no ofrece es la telemetría cruda necesaria para traducir impresiones en cifras sólidas de aceleración o velocidad. El caso Nimitz tiene escena, tiene voz, pero cuando buscas los números, la carpeta se queda a medias.
Algo parecido ocurre con los tres UAP vídeos navales conocidos como FLIR1, GIMBAL y GOFAST. Un fotograma del FLIR1, con la interfaz del sensor y anotaciones de plataforma, se ha vuelto casi icono. El Departamento de Defensa confirmó en 2020 que los vídeos son auténticos y proceden de sistemas militares.[5]
Sin embargo, análisis técnicos externos han propuesto explicaciones convencionales: efectos de paralaje, aeronaves a gran distancia o artefactos de cámara. La misma imagen sostiene lecturas opuestas, y tú te quedas en medio intentando decidir a qué agarrarte. En este tramo, el lector se encuentra con un archivo parcial, registros incompletos, documentación limitada y registro discontinuo. Con lo que sobrevive, la historia se aclara, pero no se cierra.
Horizonte abierto: informes, leyes y lo que falta
La tabla del informe ODNI de 2021, con sus 144 incidentes y solo uno explicado con seguridad, actúa como nudo del mapa. El documento reconoce incidentes UAP reportados por personal militar y captados por sensores, y admite la falta de explicación clara en la mayoría de casos.[6]
En paralelo, AARO publica en 2024 su revisión histórica. En una de las páginas del informe, una frase destaca: no se han encontrado pruebas de programas de ingeniería inversa con tecnología no humana. Esa línea contrasta con denuncias públicas como las de David Grusch, también recogidas en la audiencia de 2023, donde pilotos y denunciantes hablan de recuperación de materiales y programas ocultos.[7]
La fricción aquí es frontal: una auditoría documental extensa niega encontrar evidencias donde un denunciante afirma que existen, apoyándose en testimonios clasificados que el público no ve. Colocas mentalmente ambas versiones una junto a otra y notas que encajan solo a medias. El expediente fija un límite; lo que esté más allá, hoy, queda fuera del perímetro comprobable. Los informes pentagon uap amplían esta línea de análisis.
Mientras tanto, el Congreso incluye en la NDAA 2024 una versión recortada del UAP Disclosure Act. Se ordena crear una colección oficial de registros UAP en los Archivos Nacionales. En una escena futura, esa pantalla de índice podría parecerse a la de Blue Book, pero todavía no existe. La ley marca un camino, no abre de golpe todo lo que muchos imaginan.
Vuelta a la pregunta del principio: ¿cómo hemos pasado del cierre de Blue Book a este entramado de oficinas, informes e incidentes sin resolver? Los documentos permiten responder una parte: hoy sabes que el Estado reconoce un problema de seguridad e inteligencia asociado a fenómenos aéreos anómalos, que existen programas financiados, declaraciones formales de pilotos y revisiones históricas que niegan, por ahora, pruebas de tecnología no humana recuperada. Lo que no puedes afirmar con rigor es el origen último de esos UAP ni el contenido de expedientes ovni militares aún clasificados. El mapa se ha hecho más nítido, pero cuando buscas las respuestas finales, las casillas en blanco siguen teniendo peso propio. Queda por ver cómo cambiará ese mapa cuando la colección UAP de los Archivos Nacionales esté más completa, y si entonces podrás cerrar alguna de esas casillas o simplemente añadir otras nuevas. Para explorar cómo se estudian objetos anómalos desde otra perspectiva, el caso del objeto interestelar 3i atlas resulta ilustrativo, y la historia de area 51 y ovnis ofrece continuidad histórica sobre el cruce entre pruebas aeronáuticas y leyenda.
Preguntas frecuentes
¿Qué fue exactamente el programa AATIP del Pentágono?
Fue un programa financiado por la Agencia de Inteligencia de Defensa entre 2007 y 2012, dedicado a estudiar amenazas aeroespaciales avanzadas y fenómenos asociados, con apoyo político de figuras como Harry Reid. Fuente: DIA, documentación FOIA, dia.mil
¿Qué dicen los informes oficiales sobre los vídeos navales FLIR1, GIMBAL y GOFAST?
El Departamento de Defensa ha confirmado que los tres UAP vídeos proceden de sistemas navales y son auténticos, pero los informes públicos no concluyen que muestren tecnología no humana. Fuente: ODNI, informe oficial UAP, dni.gov
¿Cuántos incidentes UAP recientes reconoce la inteligencia estadounidense?
El informe preliminar de 2021 contabiliza 144 incidentes de fenómenos aéreos anómalos entre 2004 y 2021, de los que solo uno se explica con certeza, subrayando la persistencia del fenómeno. Fuente: ODNI, informe oficial, dni.gov
¿Qué papel tienen hoy las oficinas UAP dentro del Departamento de Defensa?
La UAP Task Force primero y la AARO después centralizan la recopilación y análisis de reportes, con foco en riesgos operativos y de inteligencia, más que en hipótesis especulativas. Fuente: AARO, portal institucional, defense.gov
¿Project Blue Book sigue siendo relevante para entender los expedientes ovni militares actuales?
Sí, actúa como precedente histórico: muestra cómo se cerró oficialmente el estudio OVNI en 1969 y ofrece un archivo completo que contrasta con la fase UAP contemporánea aún en construcción. Fuente: National Archives, archivo histórico, archives.gov
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Fuentes consultadas
- National Archives, recurso en línea, archives.gov, consulta 2025-09-12
- DIA, recurso en línea, dia.mil, consulta 2025-10-05
- FAS, recurso en línea, fas.org, consulta 2025-08-28
- U.S. Congress, recurso en línea, congress.gov, consulta 2025-11-18
- ODNI, recurso en línea, dni.gov, consulta 2025-10-22
- ODNI, recurso en línea, dni.gov, consulta 2025-09-30
- AARO/DoD, recurso en línea, defense.gov, consulta 2025-11-30

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