Maqueta piramidal de teotihuacan sobre base rectangular iluminada por lámpara

Teotihuacán: entre el mito del mercurio y los datos del túnel

En una vista aérea de la Ciudadela, alguien traza sobre plano una línea fina bajo el Templo de Quetzalcóatl: marca el recorrido de un túnel sellado descubierto en 2003, a raíz de un hundimiento junto al edificio. Los informes hablan de un pasaje de casi cien metros, excavado a unos quince metros de profundidad, colmado de ofrendas y con concentraciones de mercurio líquido en puntos específicos. Llegas buscando una explicación directa del «por qué» y del «para quién», pero el papel se detiene antes de darte un nombre propio o una biografía. ¿Hasta dónde permite llegar este túnel al corazón de la antigua ciudad de los dioses? Ahí empieza el rastro documental. Si te interesan otros misterios de la arqueología, este expediente encaja en el mismo estante de hallazgos que desafían la explicación sencilla.

Lo que fijan los papeles sobre el pasaje subterráneo

Un corte esquemático de la Ciudadela sitúa el Templo de la Serpiente Emplumada en uno de sus lados y, bajo él, el trazo del pasaje con sus cámaras finales. Ese diagrama básico ya marca el tono: arquitectura monumental visible arriba, infraestructura ritual oculta abajo. Te encuentras ante una ciudad que se pensó en varios niveles, aunque solo uno de ellos aparezca en las postales.[1]

Los resúmenes arqueológicos coinciden en varios mínimos. El túnel se localizó en 2003, bajo el templo principal de la Ciudadela, dentro del conjunto urbano de Teotihuacán. Su recorrido ronda los 100 metros y discurre a unos 15 metros bajo la superficie. Fue excavado de manera planificada, no es una cavidad natural. Lees las cifras y empiezas a medir: cien metros de corredor tallado deliberadamente bajo uno de los edificios más emblemáticos.[2]

El Proyecto Tlalocan: Camino bajo la tierra, dirigido por Sergio Gómez desde el INAH, organiza institucionalmente esta exploración prolongada. Los reportajes lo presentan como un esfuerzo de años, con financiamiento y equipos especializados. La estructura existe y el marco institucional también; lo que falta es un relato cerrado sobre su función exacta. El archivo muestra una parte sólida, pero guarda silencio justo donde esperarías encontrar la respuesta.

Maqueta piramidal de teotihuacan sobre base rectangular iluminada por lámpara

Del pasaje oculto a la obra monumental

Cuando despliegas el plano longitudinal del pasaje bajo el templo, ves algo más que un simple corredor: tramos rectos, ensanchamientos, cámaras terminales. La documentación disponible insiste en sus dimensiones y su carácter deliberado. El túnel alcanza unos cien metros y fue tallado y revestido como obra mayor, alineada con el edificio superior. Todo apunta a que fue concebido como un eje ritual cuidadosamente planificado, no como un simple pasadizo técnico.[3]

Los textos señalan que el espacio se utilizó, se colmó de ofrendas y fue después rellenado y sellado intencionalmente por los propios habitantes de la ciudad de los dioses. Esa clausura deliberada se convierte en un dato clave: no estamos ante un abandono progresivo, sino ante un cierre que suena más a ritual de ciclo cerrado que a desuso o accidente. Aquí aparece la primera grieta: la cronología fina de construcción, uso y clausura mantiene márgenes de error y debates; los informes no bajan a una fecha puntual inequívoca. Si quieres comparar con otros misterios civilización maya, encontrarás patrones de ciudades planificadas y colapsos rituales que dialogan con este caso.

En paralelo, bajo la Pirámide de la Luna se han documentado espacios subterráneos que muestran un patrón repetido: grandes pirámides acompañadas de vacíos rituales bajo sus cimientos. Te das cuenta de que sabes más de lo que ocurre bajo el templo que de los propios gobernantes que lo mandaron construir.[4]

El mapa general se aclara: ciudad ceremonial en superficie, red de cavidades planificadas debajo. Pero las fases exactas de cada obra siguen solo esbozadas. Te ves comparando mentalmente la ciudad visible de las postales con esta ciudad subterránea que solo existe en cortes, diagramas y listas de ofrendas. Juntas, esas pruebas dibujan un patrón reconocible, aunque incompleto.

Vehículo metálico con orugas y brazo elevado sobre mesa, teotihuacan

Exploración técnica y límites del registro

En una fotografía, el pequeño robot Tlaloque avanza por un tramo estrecho del pasaje, flanqueado por paredes de tierra estabilizada, cables y focos. Antes de que un arqueólogo pise el fondo, la máquina toma imágenes y medidas. Los reportes explican que Tlaloque y otros dispositivos de geofísica y escaneo 3D permitieron mapear el interior sin destruir el relleno. Te sorprende que, con tantos metros excavados y tanta tecnología desplegada, nadie se atreva a cerrar del todo el relato.[5]

Otro reportaje resume cómo, a partir de esas exploraciones, el equipo del INAH planifica la excavación lenta del túnel y el registro estratigráfico de cada tramo. Los artículos hacen hincapié en la combinación de robótica local, métodos de geofísica y trabajo manual prolongado, siempre bajo el paraguas de Tlalocan.[6]

El contraste aparece cuando miras en conjunto la información disponible. Hay planos precisos y tecnología avanzada para el túnel de Quetzalcóatl, pero parte de los sistemas subterráneos bajo otras pirámides se registró con metodologías antiguas y hoy se considera un archivo parcial. El contraste entre el detalle de los trabajos del Proyecto Tlalocan y los registros incompletos de excavaciones antiguas refuerza la sensación de que hoy ves un archivo subterráneo a medias. El lector percibe una serie fragmentada, con continuidad irregular entre lo bien documentado y lo apenas citado. Con lo que sobrevive, la historia se aclara, pero no se cierra.

Ofrendas, mercurio y preguntas en el inframundo

En una mesa de laboratorio del INAH, bandejas con jade, conchas marinas, obsidiana y cerámica del túnel aparecen etiquetadas y ordenadas. Los estudios comparan este conjunto con otras ofrendas de templos de las ruinas de Teotihuacán y señalan una concentración de riqueza poco común, propia de contextos de alto estatus. Todo apunta a que las ofrendas y el mercurio formaban parte de un repertorio simbólico complejo ligado al poder y al inframundo, aunque los detalles finos del ritual se nos escapen.[7]

Un recurso gráfico paralelo muestra el uso del cinabrio como pigmento rojo en murales y su relación con el mercurio. Los análisis químicos en contextos de la ciudad de los dioses documentan la presencia de cinabrio y mercurio en ámbitos rituales, no como curiosidad aislada.[8]

En una fotografía de detalle, un pequeño canal en el túnel conserva restos plateados asociados a espejos de pirita. La literatura especializada describe el mercurio líquido como material ritual inusual, posiblemente ligado a representaciones del agua, el inframundo o la luminosidad en la oscuridad; aun así, subraya que el simbolismo exacto en este caso sigue abierto. Lees «ríos de mercurio» en un titular y, al enfrentarte a los informes, empiezas a buscar dónde acaba la metáfora y dónde empiezan los datos.[9]

Aquí el choque no viene solo de los materiales, sino de su recepción. Mientras algunos titulares populares hablan de «ríos de mercurio» y tesoros ocultos bajo las ruinas, los trabajos arqueológicos describen acumulaciones controladas, canales concretos y ofrendas estudiadas una a una. Te encuentras filtrando, casi sin querer, lo que repiten los medios y lo que los arqueólogos se permiten afirmar negro sobre blanco. El documento fija un mínimo ritual y químico; el resto, desde tecnologías imposibles hasta cámaras de tesoro fantásticas, queda fuera del perímetro que marcan las fuentes.

Lo que el túnel permite decir y lo que no

Vuelves mentalmente al plano de la Ciudadela, con la boca de acceso al pasaje marcada junto al Templo de la Serpiente Emplumada. Sabemos que el túnel fue excavado con intención, usado para depositar ofrendas suntuarias, inundado de gestos rituales –incluidas las concentraciones de mercurio– y finalmente sellado. También sabemos que bajo la Pirámide de la Luna se repite el esquema de espacios subterráneos, lo que sugiere una ciudad pensada en varios niveles. El caso del palenque astronauta maya ofrece un contraste útil entre iconografía del inframundo y lecturas populares, muy parecido al dilema entre los «ríos de mercurio» mediáticos y los datos reales del túnel.[10]

Las interpretaciones académicas hablan de conexiones con el inframundo mesoamericano y con el poder de la élite, pero lo hacen desde la prudencia: no se ha identificado una tumba real inequívoca en las cámaras finales. Esa ausencia pesa. Llegas esperando que alguien te diga de una vez quién estaba enterrado ahí abajo, y los papeles te devuelven un silencio que ninguna tecnología ha roto todavía. La pregunta inicial –hasta dónde permite llegar este corredor sellado al corazón de la ciudad de los dioses– recibe una respuesta matizada. Permite afirmar que existió una arquitectura subterránea central en el culto y en la representación del poder, que hubo un esfuerzo coordinado del INAH y del Proyecto Tlalocan para documentarla, y que materiales como el mercurio formaron parte de un repertorio ritual complejo. Si buscas otra arquitectura monumental con espacios internos enigmáticos, las piramides de giza presentan un paralelo lejano pero revelador.

Lo que no permite es nombrar a un gobernante concreto, reconstruir rituales paso a paso o sostener imágenes mediáticas de ríos metálicos más allá de los canales documentados. Frente a los titulares de «tesoros ocultos», los datos disponibles invitan a entender el túnel como un espacio sagrado controlado más que como una cámara de riqueza guardada para siempre. El túnel bajo el Templo de Quetzalcóatl ilumina un estrato profundo de Teotihuacán y muestra hasta dónde llega, por ahora, el archivo subterráneo. En gobekli tepe enterrado encontrarás otro caso de estructura ritual clausurada a propósito, útil para contrastar patrones de cierre simbólico.

Preguntas frecuentes

¿Qué es exactamente el túnel bajo el Templo de Quetzalcóatl?

Es un pasaje subterráneo de unos cien metros, excavado deliberadamente bajo el Templo de la Serpiente Emplumada, con cámaras y ofrendas de alto estatus, luego rellenado y sellado por los propios habitantes de Teotihuacán. Fuente: universes.art, reportaje arqueológico, universes.art

¿Qué papel juega el mercurio líquido en este contexto?

Los análisis indican que el mercurio aparece en pequeñas acumulaciones asociadas a elementos rituales, dentro de un uso simbólico ligado a cinabrio y pigmentos, sin evidencias de tecnologías avanzadas. Fuente: OpenEdition Journals, artículo científico, journals.openedition.org

¿Se encontró una tumba real en el túnel de Teotihuacán?

Hasta ahora no se ha identificado una tumba real inequívoca en las cámaras finales; el espacio se interpreta más como eje ritual y depósito de ofrendas que como sepulcro confirmado. Fuente: Animal Político, reportaje de investigación, animalpolitico.com

¿Existen túneles similares bajo otras pirámides de la zona?

Bajo la Pirámide de la Luna se han detectado espacios subterráneos con ofrendas, lo que sugiere un patrón arquitectónico que combina estructuras monumentales con cavidades rituales debajo. Fuente: Arqueología Mexicana, artículo de divulgación, arqueologiamexicana.mx

¿Por qué se asocia el lugar con la «ciudad de los dioses»?

Textos posteriores mesoamericanos describen Teotihuacán como escenario de actos fundacionales de los dioses, y la arqueología ha mostrado una planificación monumental que refuerza esa lectura simbólica. Fuente: INAH, revista especializada, revistas.inah.gob.mx

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Fuentes consultadas

  1. universes.art, recurso en línea, universes.art, consulta 2025-10-18
  2. universes.art, recurso en línea, universes.art, consulta 2025-11-02
  3. universes.art, recurso en línea, universes.art, consulta 2025-09-29
  4. arqueologiamexicana.mx, recurso en línea, arqueologiamexicana.mx, consulta 2025-10-25
  5. eleconomista.com.mx, recurso en línea, eleconomista.com.mx, consulta 2025-11-14
  6. animalpolitico.com, recurso en línea, animalpolitico.com, consulta 2025-10-08
  7. revistas.inah.gob.mx, recurso en línea, revistas.inah.gob.mx, consulta 2025-11-21
  8. journals.openedition.org, recurso en línea, journals.openedition.org, consulta 2025-10-01
  9. journals.openedition.org, recurso en línea, journals.openedition.org, consulta 2025-12-05
  10. arqueologiamexicana.mx, recurso en línea, arqueologiamexicana.mx, consulta 2025-11-08
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