
Proyecto Manhattan: desarrollo secreto y decisión de Hiroshima
En una fotografía de Hiroshima tras agosto de 1945, el paisaje urbano se ha reducido a ruinas y una cúpula desnuda; detrás de esa imagen hay dos dispositivos concretos, Little Boy y Fat Man, y un ensayo previo llamado Trinity que había demostrado unas semanas antes que la implosión de plutonio funcionaba. Entre el primer reactor construido bajo unas gradas en Chicago y esas ciudades arrasadas median cronologías, memorandos y diagramas, pero también huecos, debates y cifras de víctimas que nunca cierran del todo. ¿Hasta dónde explican realmente los documentos el salto del laboratorio improvisado al uso bélico del Proyecto Manhattan sobre Hiroshima y Nagasaki? Ahí empieza el rastro documental.
Del reactor bajo las gradas al mapa del programa
La escena inicial podría ser otra: una vista aérea de Oak Ridge, con los complejos Y‑12 y K‑25 separados por bosques y carreteras restringidas. Las cifras básicas fijan la escala: más de 130.000 personas empleadas y unos 2.200 millones de dólares de guerra entre 1942 y 1945. No es solo un experimento de física; es un programa industrial que desborda cualquier laboratorio convencional, un caso que encaja en el archivo de conspiraciones documentadas.[1]
Para seguir el caso sin perderse, la cronología oficial ayuda. El Servicio de Parques Nacionales resume el paso de los primeros estudios a los grandes sitios de producción y al laboratorio de Los Álamos. Ahí se ordenan fechas y lugares: Chicago, Oak Ridge, Hanford, Nuevo México.[2]
Sin embargo, en cuanto intentas seguir esa cronología como una historia continua, chocas con algo: los hitos técnicos se suceden, pero no siempre vienen acompañados de sus consecuencias humanas ni de los debates internos que los rodearon. La estructura temporal existe, pero el detalle de decisiones personales y discusiones intensas no aparece en esos resúmenes. Aquí falta algo, y esa ausencia se nota.
Sobre ese suelo se hace más visible la pregunta de fondo: cómo un programa de investigación acelerada terminó en Little Boy y Fat Man sobre Japón, y qué parte de esa trayectoria queda realmente fijada en papel.

Del experimento improvisado a la industria secreta
La fotografía más llamativa del origen técnico muestra Chicago Pile‑1 montada bajo las gradas de Stagg Field. Bloques de grafito y uranio formando un volumen casi artesanal, donde el 2 de diciembre de 1942 se logra la primera reacción nuclear autosostenida.[3]
Si llegas con esa imagen en mente, el salto a Oak Ridge y Hanford impresiona. Una vista aérea de Oak Ridge revela edificios gigantescos, carreteras controladas y vallas perimetrales. El B Reactor de Hanford, con su fachada de hormigón, materializa la producción continua de plutonio. Cuando miras esas instalaciones después de haber visto Chicago Pile‑1, sientes que algo se ha desbordado mucho más allá de un experimento de laboratorio.
La escala y el secretismo se entienden mejor con los datos del Departamento de Energía sobre personal, costes y preservación de sitios. Muestran un proyecto distribuido, caro y jerárquico. Pero la fricción aparece pronto: esos mismos documentos dedican menos espacio a describir la experiencia cotidiana de quienes trabajaban sin saber exactamente para qué. El archivo muestra una parte, pero no la respuesta de los participantes ni su voz propia. En el Club, seguimos lo que queda escrito, no lo que se imagina.
En paralelo, se define la cúpula: Leslie Groves al mando general y J. Robert Oppenheimer al frente del laboratorio de Nuevo México, en un entorno de compartimentación estricta. Ahí también se inserta el espionaje de Klaus Fuchs, que demuestra que ni siquiera un proyecto diseñado para ser hermético lo es del todo. Los documentos lo registran, pero no resuelven todas las preguntas sobre alcance y motivaciones. Juntas, esas pruebas dibujan un patrón reconocible dentro de los experimentos secretos de la época: un archivo técnicamente abundante que se vuelve más escueto cuando buscas las motivaciones íntimas de sus protagonistas.

Límites técnicos y lectura de los ensayos
Cuando el material fisible empieza a llegar, la atención se desplaza al diseño de armas. Un esquema institucional simple basta para entender la diferencia entre un arma de tipo cañón y una de implosión, sin entrar en parámetros sensibles. En teoría, el plutonio podía usarse en configuración de cañón, pero la presencia de plutonio‑240 generaba riesgo de predetonación y hacía ese camino inviable. Los recursos de la Oficina de Información Técnica explican por qué se adopta entonces una geometría de implosión con lentes explosivas.[4]
Aquí la fricción es doble. Técnicamente, la documentación disponible se detiene antes de ofrecer detalles que hoy serían peligrosos, por razones de seguridad y proliferación. Históricamente, ese giro forzado añade presión: el reloj bélico avanza mientras el equipo de Oppenheimer apuesta por una solución más compleja y menos probada. Si te quedas en los diagramas de cañón e implosión, parece todo muy limpio; cuando los cruzas con Trinity y las ciudades atacadas, el esquema de repente pesa de otra manera.
El clímax técnico es el test Trinity, el 16 de julio de 1945, en Jornada del Muerto. Las fotografías del torreón de ensayo antes y después, el cráter y la trinitita congelan el momento en el que un diseño de implosión funciona por primera vez. Las entradas enciclopédicas y militares recogen fecha, potencia estimada y resultados básicos.[5][6]
Cuando lees esos relatos oficiales junto a testimonios de científicos, aparece otra grieta: las descripciones de luz y sonido se mezclan con frases de remordimiento temprano. Los informes fijan los datos mínimos; los recuerdos, décadas después, se mueven en una zona más subjetiva. Si entras esperando una confesión moral definitiva de los protagonistas, pronto ves que el archivo alterna silencios, tecnicismos y recuerdos tardíos que no encajan en una sola frase rotunda.
Después del ensayo de Nuevo México, el mapa salta a la política. Los documentos de la Truman Library reproducen memorandos, actas y esquemas de opciones ante Japón. En ellos se discuten alternativas como una demostración no letal, la modificación de condiciones de rendición o el uso directo sobre ciudades.[7]
Los materiales del Servicio de Parques Nacionales añaden los criterios de selección de objetivos: ciudades con importancia militar e industrial, relativamente intactas, capaces de mostrar el poder de la nueva arma.[8]
Aquí la fricción se hace explícita. En el papel, los objetivos se describen en términos de infraestructura militar, pero los núcleos urbanos contienen población civil imposible de separar. Al leer los memorandos sobre opciones ante Japón, quizá esperas una frase que cierre el dilema, pero lo que encuentras son matices y ambigüedades que no terminan de resolverlo. El archivo documenta que hubo opciones sobre la mesa, pero no cierra el debate de si la elección final era la única posible. Quien busque una respuesta moral unívoca no la encuentra en estos anexos.
El rastro vuelve a las ciudades destruidas. Organizaciones centradas en el desarme nuclear, como ICAN, resumen los efectos inmediatos y tardíos de Little Boy y Fat Man: destrucción masiva de infraestructuras, incendios, radiación aguda, y décadas después, cánceres y otras enfermedades entre los hibakusha.[9]
El K1 Project de Columbia reúne rangos de víctimas, no cifras únicas, y explica por qué las estimaciones varían según metodología y horizonte temporal. Este patrón de archivo fragmentado recuerda al de la operacion northwoods documentada, donde también los documentos revelan más preguntas que respuestas.[10]
Ahí aparece la fricción cuantitativa: cuando buscas una cifra clara de víctimas, descubres que el archivo solo te ofrece intervalos y revisiones, y esa falta de número exacto se vuelve incómoda por sí misma. Los registros incompletos, la destrucción de documentos locales y la dificultad de aislar causas médicas dejan claro que el daño humano fue enorme, pero no reducen el suceso a un número preciso.
Visto desde el principio, la pregunta del hook se reformula: ¿hasta dónde nos llevan los papeles en este recorrido, del reactor bajo unas gradas a Hiroshima y Nagasaki? Con rigor, pueden afirmar que el Proyecto Manhattan fue un esfuerzo industrial gigantesco que, guiado por Groves y Oppenheimer, produjo dos diseños de bomba atómica distintos, probó el de implosión en Trinity y, tras un proceso de decisión documentado pero discutido, los usó sobre ciudades japonesas con consecuencias sanitarias devastadoras y duraderas. Lo que queda fuera del perímetro documental es igualmente claro: no podemos fijar una cifra exacta de víctimas ni un solo relato moral definitivo sobre necesidad y alternativas. Los documentos aclaran el mecanismo y el recorrido institucional, pero no pueden dictar un veredicto ético único. Con lo que sobrevive, la historia se ordena, pero no se cierra del todo.
Preguntas frecuentes
¿Cuánta gente trabajó en el Proyecto Manhattan?
Los archivos del Departamento de Energía indican que más de 130.000 personas participaron entre 1942 y 1945, incluyendo científicos, militares y trabajadores industriales distribuidos en varios emplazamientos. Fuente: Department of Energy, información histórica, energy.gov
¿Qué fue exactamente Chicago Pile‑1?
Chicago Pile‑1 fue el primer reactor nuclear autosostenido, construido bajo las gradas de Stagg Field en 1942, y demostró que era posible mantener una reacción en cadena controlada. Fuente: Wikipedia, entrada enciclopédica, wikipedia.org
¿En qué se diferenciaban Little Boy y Fat Man?
Little Boy usaba uranio en un diseño tipo cañón, mientras Fat Man empleaba plutonio en un esquema de implosión con explosivos convencionales alrededor del núcleo. Fuente: OSTI, material divulgativo sobre diseño de bombas, osti.gov
¿Cómo se tomó la decisión de bombardear Hiroshima y Nagasaki?
La decisión surgió de comités y memorandos analizados por la presidencia de Truman, donde se evaluaron varias opciones antes de optar por el uso directo de las bombas. Fuente: Truman Library, documentación educativa, trumanlibrary.gov
¿Qué efectos a largo plazo sufrieron los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki?
Los hibakusha padecieron mayores tasas de ciertos cánceres y otros problemas de salud durante décadas, además de impactos sociales y psicológicos documentados. Fuente: Columbia University, proyecto académico sobre Hiroshima y Nagasaki, columbia.edu
Los documentos se cierran, las preguntas no.
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Fuentes consultadas
- energy.gov, recurso en línea, energy.gov, consulta 2025-10-15
- nps.gov, recurso en línea, nps.gov, consulta 2025-09-22
- en.wikipedia.org, recurso en línea, wikipedia.org, consulta 2025-10-03
- osti.gov, recurso en línea, osti.gov, consulta 2025-09-18
- en.wikipedia.org, recurso en línea, wikipedia.org, consulta 2025-10-28
- afnwc.af.mil, recurso en línea, afnwc.af.mil, consulta 2025-09-05
- trumanlibrary.gov, recurso en línea, trumanlibrary.gov, consulta 2025-11-12
- nps.gov, recurso en línea, nps.gov, consulta 2025-08-29
- icanw.org, recurso en línea, icanw.org, consulta 2025-10-07
- columbia.edu, recurso en línea, columbia.edu, consulta 2025-11-30

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